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aey inc / Cuidate del vecino

Esta época podría describirse como la de un doloroso despertar de las personas hacia la desconfianza hacia cualquier persona. Pero no es una desconfianza gratuita, tiene sus razones. Muchos seguimos confiando, al menos en la buena voluntad de la mayoría de personas, pero ya hay muchos, como algunas personas cercanas a mí, que ya no confían ni en familiares cercanos.


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Esta semana desapareció una niña en Lima, y mientras los padres desesperados la buscaban por todos lados, la niña era asesinada por un vecino. Una persona que veían a diario y aparentemente tranquila y que no se metía en problemas.

Supuestamente uno vive en un barrio, urbanización o residencial no se imagina que el vecino de al lado o a unas casas de distancia sea un asesino, así que no tienes temor que tus hijos salgan a jugar con sus amigos, o como hizo la niña que salió a hacer sus tareas a una casa cercana. ¿Ahora desconfiaremos de todos? ¿No dejaré salir a mi hija porque tengo miedo que haya un delincuente afuera que pueda dañarla y que probablemente sea alguien conocido?

Creo que no podemos saber si el vecino tranquilo, callado y que se comporta amablemente es un asesino en potencia. Generalmente nos preocupamos si alguien es violento de por sí o da muestras de ser algo peligroso. De las aguas mansas no nos cuidamos, y sin embargo son las que nos dan el revés, y nos damos cuentas que si bien son aguas mansas, son venenosas. No todas, pero si algunas.

Una vez leí, y ya no recuerdo donde, pero el autor decía que incluso su esposa desconfiaba de él, de sus propios padres o de sus hermanos respecto de sus pequeños hijos. Y que tenía que tener cuidado de abrazar mucho a su hija pequeña, porque podía ocasionar ser sospechoso de pedofilia. Hoy parece que tenemos miedo de todos, porque nos pueden hacer daño, y también por que pueden creernos capaces de hacer daño.

En ese barrio donde ocurrió la tragedia los vecinos se preocupaban por las pandillas de ladrones y drogadictos, sin embargo, uno de ellos fue quien los daño más. A veces se cumple el dicho. “Cuídame de las aguas mansas, que de las bravas me cuido yo.”

Preocupante es para personas cercanas a mí que yo sea tan confiado, tan esperanzado en la buena voluntad de las personas, a pesar que como a todos alguna vez me he quedado sorprendido porque esa buena voluntad se transformó en mala. No lo sé, supongo que es algo de mi personalidad, algo natural. Tal vez no lo debería ser tanto, porque eso podría correr riesgos innecesarios. Pero confío en que no, confío en que Dios sólo traerá gente buena a mi puerta. Y a la del costado.

Comenten, de su opinión acerca de esto. Nos vemos a la próxima.
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