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Chankillo – ¿Templo o Fortaleza?

El templo de Chankillo, situado en Perú, es uno de los 93 lugares del mundo que requieren de una ayuda urgente para garantizar su preservación, ya sea por la falta de concienciación pública sobre el peligro que corren o por la escasez de recursos dedicados a su mantenimiento.

Las señales del cielo fueron más que propicias. El brillo de Venus guió a las tropas en su camino de descenso hasta las orillas del mar. La Luna llena alumbró el andar nocturno de esos fieros guerreros que rodearon la fortaleza de Chankillo luego de arrasar con los escasos rivales que ofrecieron resistencia.

Los guerreros bajaron en procesión desde la sierra, siguiendo la imagen de su huaca local escoltada con las momias de antiguos gobernantes.

La infantería marchaba en filas compactas, luciendo un grueso chaleco antigolpes y un collarín acolchado. Armados con porras, lanzas, estólicas y escudos, los más experimentados exhibían pinturas de guerra en casi todo el cuerpo, mientras que los líderes cargaban dos o tres cabezas-trofeo en la cintura como recuerdo de anteriores batallas.

Los honderos se ubicaron en sus posiciones. Apuntaron hacia el templo fortificado e hicieron molinos con sus huaracas antes de lanzar una andanada de piedras sobre sus aterrorizados enemigos ocultos tras las murallas circulares de Chankillo.

El choque fue brutal. Poco a poco los defensores de Chankillo fueron cediendo antes sus rivales. Cayó la primera fila de murallas, luego la segunda, hasta que los escasos defensores de los dos torreones que coronan la fortaleza no soportaron la lluvia de piedras.

Los últimos defensores de Chankillo fueron masacrados.  Los atacantes no se detuvieron hasta destruir la imagen de la huaca rival, pero antes quemaron las momias de las panacas reales y las imágenes de todo el panteón de los dioses y hombres de Chankillo.

Lo único que se mantuvo intacto fue el cercano observatorio solar, una joya de la arquitectura sagrada y de gran utilidad como calendario ritual y agrario.

“Guerra Santa”

“El objetivo de estas guerras santas fue capturar o destruir la huaca rival, sea una divinidad o un centro de poder”, afirma el arqueólogo Iván Ghezzi, director del equipo multidisciplinario que desde el 2006 estudia los restos arqueológicos de la fortaleza de Chankillo y el vecino Templo de los Trece Pilares, considerado el observatorio solar más antiguo y mejor conservado de América.

La guerra santa en el Horizonte Temprano, tras el colapso de la civilización Chavín, hace 2.300 años, “tuvo una justificación tanto ritual como secular, añade Ghezzi. Y es que debido a la relación de parentesco entre las huacas andinas, “una derrota necesariamente implicaba la sumisión de toda la comunidad, y el acceso a su trabajo y recursos”, sentencia el arqueólogo de la Universidad Católica de Lima.

Pero Ghezzi está convencido del uso militar de Chankillo.

Al hallazgo de cerámicas con figurillas de guerreros ataviados con armas defensivas y ofensivas, el equipo de arqueólogos identificó atributos de fortificación: “es probable que todo su perímetro estuviera protegido de parapetos, a juzgar por las escalerillas de acceso a la parte superior de las murallas”, agrega el especialista.

A esto se suma el hallazgo de miles de piedras o cantos rodados dispersos en el perímetro de Chankillo. “La evidencia macroscópica indica que no fueron herramientas, sino proyectiles que impactaron contra las murallas de esta antigua fortaleza”, sostiene el arqueólogo.

¿Templo o fortaleza?

“Las dos funciones –enfatiza Iván Ghezzi–. Chankillo fue un templo fortificado. A la luz de las múltiples evidencias, como la ubicación, arquitectura defensiva, armas asociadas, representaciones artísticas de combate y destino final del Templo de los Pilares, es claro que las murallas de Chankillo fueron erigidas para garantizar la seguridad de un templo”.

Los recientes hallazgos sugieren, además, que Chankillo fue escenario en algún momento de esta “guerra santa” andina.
La portentosa fortificación y el colindante observatorio solar (que hasta la fecha permite comprobar su función de calendario) sugiere el uso ceremonial como principal propósito de todo el complejo arqueológico fue. “No sirvió únicamente como refugio en caso de ataques militares”, sostiene Ghezzi.

Y es que en Chankillo hubo un enorme esfuerzo para garantizar la seguridad del observatorio solar que, a decir, de Ghezzi, pudo ser el centro de poder religioso y político.

Según el arqueólogo, el culto al Sol así como la excelencia en el combate pudieron ser soportes de la jerarquía social establecida, legitimando la autoridad de los líderes, como ocurrió entre los Incas casi dos milenios más tarde.

Datos

Origen biológico. Muchos especialistas sostienen que la guerra tiene una base biológica, que está en nuestros genes, que surgió con nuestros antecesores hace millones de años y que ha caracterizado a todas las sociedades en todo el planeta.

Origen cultural. Al otro lado de las trincheras se afirma que la guerra surge mucho más tarde, con la civilización, y que las sociedades preestatales carecen de organización militar, y que sus combates son solo rituales, como el denominado “tinkuy” andino.

Chankillo y el observatorio en el AIA 2009

La primera versión de las investigaciones del equipo de arqueólogos dirigido por Iván Ghezzi, escrita en el 2004, fue publicada en la revista Andean Archeology III.

Una nueva versión, corregida y aumentada, titulada “la naturaleza de la guerra prehispánica temprana: La perspectiva desde Chankillo”, se puede leer en el número 44 de la Revista Andina, publicación semestral del Centro Bartolomé de las Casas, del Cusco.

A decir de numerosos investigadores, Chankillo ha sido interpretado como fortaleza, reducto, centro ceremonial o templo enclaustrado.

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